¿Cuál era el secreto de Jesús? ¿De dónde sacaba su increíble fuerza interior y su asombrosa sabiduría?

Muchas veces estamos tan ocupados o nos sentimos tan
cansados que decimos no tener tiempo para orar. La vida de Jesús fue una
lucha constante contra situaciones agobiantes y de toda índole que se le
presentaban a lo largo de su ministerio, pero irradiaba paz y amor a quienes
se le acercaban. ¿Cuál era el secreto de Jesús? ¿De dónde sacaba su increíble
fuerza interior y su asombrosa sabiduría?.
La respuesta es clara. Jesús tenía
una vida de oración extraordinaria. S.D. Gordon ha resumido el papel
trascendental que jugaba la oración en la vida de Jesús con las siguientes
palabras: “¡Cuánto significaba la oración para Jesús¡ No sólo era su hábito
regular, sino su recurso para cada emergencia, ya fuera esta ligera o seria.
Cuando estaba confuso oraba; cuando estaba presionado por el trabajo,
oraba; cuando necesitaba comunión, la encontraba en la oración. Escogió a
sus asociados y recibió sus mensajes de rodillas. Si era tentado, oraba; si le
criticaban, oraba; si se sentía fatigado físicamente o desgastado
espiritualmente, recurría a su hábito infalible de la oración. La oración le
aportó un poder desmesurado en el comienzo, y mantuvo el fluir sin
romperse ni disminuir. No había emergencia, dificultad, necesidad, tentación
que no sucumbiera a la oración de Jesús. Oraba tant
o y tan a menudo que
para Él llego a ser como el respirar; algo involuntario”.

Los discípulos por eso se le acercaron y le dijeron: Señor, enséñanos a orar.

Juan Carlos Barillas